19 oct. 2012

The Orange Box cumple cinco años en Europa


Hace cinco años exactos se estrenó The Orange Box en Europa. La caja naranja de Valve llegó a nuestras tiendas 9 días más tarde que a las americanas y a Steam. Eran otros tiempos, el mercado digital no era el leviatán imparable que es ahora y los PCeros esperábamos religiosamente a que abriesen las tiendas especializadas más cercanas para hacernos con nuestros deseados juegos.

Yo deseaba la maldita caja con todas mis fuerzas. Fan de la saga Half-Life desde que lo flipé jugando a la magistral primera entrega en mi antiguo PC-carraca del 98 (maquinón en su momento). Años después actualizamos componentes coincidiendo con el estreno de la esperada secuela, el Half-Life 2, que para un servidor es el FPS (y juego) más redondo de todos los tiempos. Jamás había disfrutado tanto con un videojuego y de momento tampoco lo he vuelto a hacer. Siendo ya un fanático confesado de la franquicia de Valve, jugué al Episodio Uno, que dentro de sus obvias carencias sigue siendo un juego muy recomendable, y me quedé con ganas de más. El Episodio Dos estaba anunciado con un teaser al final de los créditos del primer episodio, así que teníamos confirmada su existencia, su inmediatez y la maravillosa pinta que tenía. 

Me llamaron un día antes del estreno oficial, ya tenían el juego en las estanterías. Fui hasta la tienda especializada siendo un atajo de nervios por miedo a que se hubiese quemado o hubiera sido atacada por algún villano malvado (probablemente ruso). Entregué el dinero sin saber muy bien qué estaba haciendo y volví a casa con una sonrisa de oreja a oreja pasándome por el forro la barrera del sonido mucho antes que el Felix Baumgartner ese. Instalé todos los juegos y me puse a jugar al Episodio Dos lo más rápido que pude. Aún tardé una semana más en darme cuenta de qué dos nuevas joyazas me habían venido junto a mi anhelado Half-Life. Portal cayó en dos tardes (tomándome las cosas con calma) y en su momento no fui realmente consciente de la revolución que acababa de presenciar. Sólo sabía que acababa de experimentar una aventura única y condenadamente especial. Después llegó el "pues vamos a probar este otro juego a ver qué tal". El Team Fortress 2, amigos míos, que en su momento veía como una especie de mezcla entre Quake, Battlefield y Worms, un juego al que le tengo dedicadas casi mil horas de mi vida a día de hoy, que vi crecer y menguar, al que aún le dedico unos ratejos de vez en cuando.

Yo no tenía ni idea de a qué me enfrentaba cuando compré The Orange Box, pero tampoco lo hacía el resto de mundo. Teníamos grandes expectativas por un nuevo episodio de la aventura de nuestro querido Freeman y fueron superadas con creces. Half-Life 2: Episodio Dos aún ahora es uno de los FPS más emocionantes de esta generación por su milimétrico cuidado en el diseño a pesar de no ser ninguna maravilla técnica. Team Fortress 2 es para mí el FPS multiplayer más divertido que ha salido jamás, alardeando de un diseño de personajes, niveles, jugabilidad y artístico que rozaba lo impecable en sus comienzos, que en un futuro iría degenerando al aún bestial, pero no genial, título que es hoy en día. Y Portal, ese pequeño gran título que debido a su innovadora jugabilidad, su revolución a nivel narrativo y su brillante guión se ha convertido en uno de los juegos más importantes de la presente generación. The Orange Box nos brindó cinco juegos imprescindibles (tres de ellos completamente nuevos) a precio de uno, una jugada comercial imposible de pasar por alto no sólo por la ganga que era, sino también por la brutal y arrolladora aportación que supuso para la historia del noble arte de los videojuegos. ¡Feliz cumpleaños!


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