25 nov. 2011

Oda al campero


El campero no se mueve,
expectante permanece,
a que su víctima aparezca,
a que munición no le falte.

Campea de día y de noche, 
agachado o tumbado
pero campea
hasta que al enemigo ha aniquilado.

Son fuertes sus convicciones y ambiciosos sus deseos.
¡Oh, campero,
agacha esa cabeza!
Apunta y dispara a lo lejos, como haría un héroe,
como haría un perro viejo.

Él no se amedrenta, no siente el miedo.
¡En cuántas batallas ha luchado!
¡En cuántas victorias ha participado!
Espera tranquilo en la esquina, 
o en el edificio, o en cualquier otro sitio,
pero espera
a su enemigo ver y no ser visto.

Y si la cosa se tuerce
saca el RPG, 
apunta bien a los pies y entre cánticos y alabanzas
alcanza a su agresor,
pues no hay cosa más honorable
que un lanzamisiles.

No decaiga su espíritu.
Su valentía no se vea mermada.
El campero resiste, aguanta
pues se ha fraguado su nombre,
se ha curtido su título,
en mil campos de batalla.
¡Aguanta campero, que nadie te detenga!

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